Estado de alerta versus estado de relajación

Este tema siempre me ha hecho pensar sobre el comportamiento del ser humano, habiendo observado a lo largo de años, comportamientos aparentemente incongruentes y llegando a varias conclusiones que expondré a continuación.

En estado de alerta, el hombre dispone de una presión o estress facilitador, que le permite salir airoso de muchas circunstancias, llegando a límites, que en situación normal, no se habría podido imaginar alcanzar.

En estado de alerta, el hombre es altamente productivo y activo. Esta actividad tiene la mente al mismo tiempo en acción también y no hay espacio para pensamientos de tipo negativo.

Pondré un ejemplo: La jubilación. ¿Cuántos casos conocemos de personas que fallecen o enferman al poco tiempo de ser jubilados?
Probablemente este sea uno de los casos más externos pero sin ir más lejos, podemos referirnos al alumno que es calificado como “dormido” por su profesor o bien el empleado que es denominado como estancado por parte de su jefe.

Si bien, es la búsqueda de un mix entre ambos estados, la perfección y aunque sabemos que hay personas que tienden a estar en un mayor porcentaje de sus vidas en alerta y otros a estar relajados o aletargados la mayor parte del tiempo, la conveniencia está en lo que precisa nuestro cuerpo y mente y evidentemente está en un equilibrio entre ambos estados. Cualquier exceso en alguno de los dos sentidos es contraproducente.

También es cierto que el hombre puede provocar artificialmente alguno de estos dos estados mediante el uso de drogas, bien dopándose o bien tomando marihuana por ejemplo, lo cual es un fracaso en la gestión sana de un cuerpo y mente y no me detendré en ello.

¿Qué ocurre en el estado de alerta?

El hombre tiene sentimiento de responsabilidad. Responsabilidad sobre un trabajo, personas, actividades, etc..
Si no forzado en demasía mediante drogas o bien mediante una actividad ansiosa, no propia de un cerebro normal, puede alcanzar momentos brillantes y sobrellevar miedos e incapacidades, de una manera asombrosa.
Hay casos excepcionales de héroes de guerrra, quienes embriagados por un estado de alerta que los elevó a una dimensión diferente, les permitió salvar vidas e incluso a dar su vida por otros.
El cerebro que está en alerta está pendiente de todo lo que ocurre a su alrededor. Adquiere un grado de visibilidad de 360 grados porque huele, siente y ve en una esfera superior a la corriente.
Estar de forma prolongada en un estado elevado de alerta puede generar un gran desgaste mental y corporal si no es combinado con un estado de relajación correspondiente. Por ello cumple una función esencial el sueño, que tiene una función reparadora.

El hombre puede entrar en un estado de relajación buscando dicha situación, a través de la búsqueda de un momento de meditación en soledad -obviamos la situación producida por las drogas- en la cual relaja músculos, mente y cuerpo para literalmente flotar en suspensión, pudiendo a llegar a experiencias ciertamente oníricas en plena vigilia.

Lo preocupante es cuando el estado habitual de una persona es la relajación. Personalmente lo contemplo como un comportamiento enfermizo, fruto en un alto porcentaje de una mala educación recibida de pequeño, en la que el ser humano no se ha visto obligado a adquirir responsabilidades. Son personas exentas de tensión, aletargadas, en un estado somnoliento y poco involucradas con lo que ocurre a su alrededor. Principalmente centradas en sí mismas, con pocas ambiciones e incapaces de reconocer lo que significa la responsabilidad.

En el plano laboral podríamos hablar de personas “dormidas”, autómatas, obedientes, sí pero faltas de creatividad, nada innovadoras, relajadas y ausentes de la realidad. No están pendientes de los cambios del mercado. Ven las desgracias de los demás como algo externo a ellos. Indiferentes a lo que ocurre a su alrededor. Hasta que un día, la soga del paro cae sobre sus cabezas y no entienden cómo, tras haber trabajado durante 21 años en una empresa, de repente se encuentran en la cola del paro. Con un cerebro adormecido, no tienen músculo cerebral para reaccionar. De su estado de relajamiento han pasado a un estado de tensión, en este caso sin herramientas para saber cómo reaccionar. Faltos de entrenamiento, no saben qué hacer y presas de pánico, enferman o desean morir. Algunos incluso se suicidan..

Sin querer decir que el hombre debe estar en estado permanente de vigilia, sí quiero recomendar desde aquí la necesidad de estar en alerta siempre. Tanto la naturaleza como la sociedad están en permanente cambio. Añadiendo a esto el cambio climático que está rompiendo los beneficios de una era relativamente tranquila, en este sentido, hay que sumar el aumento del crecimiento demográfico con todas las consecuencias que conlleva, la falta de tabajo y el pillaje consecuente, las actitudes hostiles del ser humano en una sociedad que tiende al “salvase quien pueda”. Una mente en estado de vigilia podrá predecir de antemano y reaccionar, tomar decisiones y actuar, adaptarse al cambio rápidamente y reposicionarse.

En conclusión, adaptarse es la palabra mágica. Ser capaz de llevar un smoking y limpirar el lavabo de la oficina si preciso, con una actitud humilde y preparada para cualquier acción que haya que realizar.

Bienvenidos al cambio que estamos viviendo de manera bien visible en este siglo XXI.

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