El arte de la seducción

Seducir o más bien cambiar el comportamiento de otra persona en relación con uno mismo, es un arte y a la vez un don. La seducción se encuentra de una forma más poderosa en lo imaginado que en lo que vemos. Ver sin llegar a ver. Imaginar y soñar… Cuando vemos algo completamente desnudo, suele perder nuestro interés. Sin embargo, la imaginación suele ser la creadora más macabra de encantos artificiales.

Por lo general, cuando hablamos de seducción, automáticamente se nos presenta la imagen mental de una mujer seduciendo con sus encantos físicos.

Sin embargo, en esta ocasión no me referiré a este prototipo tan usado y manido, sino a la seducción que se produce ante la indiferencia inicial de otra persona.

Me gusta la seducción sin falsedad. La seducción pura en sí misma, la auténtica, la que corresponde a la belleza que transmite la verdad.

Cuando se palpa la verdad y la belleza conjuntamente, es difícil que un ser humano muestre rechazo.

Ahora bien, la belleza puede ser para algunos el peor espectáculo, si nos guíamos por patrones de belleza estándares.

Una manzana puede seducirnos por su naturalidad y salud y sobre todo porque evoca sensaciones. La sensación de frescura, la sensación saludable…

¿Tenemos nuestras mentes programadas para pensar así?

¿Cuál es el factor de éxito de algunas personas? ¿Cuál es la causa u origen de su carisma?
Inundan con un carisma kinestésico un aula con su sola presencia.
Irradian energía. Mucha energía positiva. Esa energía los hace incansables, constantes, perseverantes, entusiastas.

Y aquí estamos llegando hasta el fondo del origen. El entusiasmo se contagia y cuando el entusiasmo nos embarga, nos convertimos en los mejores embajadores de una marca, insignia o producto.
A partir de aquí, es nuestro entusiasmo el que seduce, como un flujo de energía que envuelve a la persona que nos está escuchando.
Nos hemos convertido en un “storyteller” que ha seducido a su audiencia.

Ser capaces de introducir a otros en una realidad superior, fantástica o cargada de energía y sobre todo entusiasmo, solamente es posible si parte de un alma cargada de pasión y habilidad para introducir los mecanismos de las mentes de aquellos que escuchan en una historia atractiva. Es el arte de seducir y convencer de una forma veraz y entusiasta.

El entusiasmo levanta pasiones, puede llegar a aunar masas, convence, une, elimina sensaciones o pensamientos negativos, en definitiva, envuelve el asunto del que se esté tratando con un papel de oro y un lazo de diamantes.

Alcanzar entusiasmo por algo no es sencillo y a la vez sí lo es. El entusiamo por algo es una fuerza poderosa, imposible de combatir.

¿Tienes entusiasmo por la vida?
¿Te apasiona lo que haces?
¿Das gracias a Dios a diario por haber descubierto tu misión en esta Vida?

Si has contestado que sí a todas estas preguntas, te felicito amigo porque te queda un largo camino por recorrer.
Si no fuera así, te aconsejo analizar tu interior, como fuente de infelicidad contigo mismo y con el mundo. Porque para aceptar a los demás, debes aprender a aceptarte a ti mismo primero. Si no te gustas a ti mismo, ¿cómo vas a seducir a los demás?

Os deseo a todos un año 2011 lleno de buenas sensaciones.

Por Patricia Peirote Hermann

6 respuestas a El arte de la seducción

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *