Desaprendiendo lo aprendido

Rara vez tenemos clara consciencia de que aquello que han impreso en nuestras mentes desde pequeños es cuestionable.  Simplemente forma parte de nosotros como una herencia impuesta y aceptada inconscientemente.  Actuamos por imitación de los comportamientos de nuestros padres y seguimos fielmente los mismos rituales.

En este sentido, podemos decir que los hijos son una prolongación de los padres.  Prolongan ideas cuaternarias que quedan obsoletas, no solo con el paso del tiempo, sino con la evolución constante que experimenta la mente humana.

Me asombro ante el seguimiento que tienen por ejemplo, costumbres auténticamente medievales, que en un entorno moderno y prácticamente metalizado muestra unos comportamientos que no encajan con el mobiliario y que vemos se repiten año tras año, con una constancia férrea, en diferentes momentos “festivos” a lo largo del año.

Actuamos de forma irracional, guiados únicamente por una falsa sensación de lealtad a las costumbres que heredadas de los padres.

Al igual ocurre en el entorno empresarial.  Sigue habiendo personas que se aferran a épocas mejores en las que vivieron “mejor” y reproducen este modelo mental en su realidad diaria, no dándose cuenta del efecto que generan así como de su desfase con los cambios que se están produciendo.  En este sentido, usan las técnicas que han usado siempre y se resisten a la novedad. Ejemplos tenemos a miles: desde líderes que no han adaptado su estilo de mando al nuevo paradigma, hasta  personas que no aceptan los nuevos cambios o tecnologías o personas que cuando han perdido su empleo fijo, prefieren morirse a seguir luchando.

Es precisamente en todas estas situaciones relatadas cuando es preciso desaprender lo aprendido, no solamente por el bien de los demás sino, de forma egoísta, por el bien de uno mismo.

No se trata de hacer borrón y cuenta nueva. Esto sería “too much for our brains”. Se trata de aprender a vernos desde fuera,  mostrar interés por conocernos mejor, con el fin de reconocer si encajamos en este entorno en el que estamos viviendo.

Puede ser que aunque alguno lo reconozca, le de igual el modelo que esté siguiendo. De hecho, incluso podríamos ir vestidos como los primeros hombres, si pensamos así.  Si entramos en la espiral del todo me da igual, no tenemos límite.

Se trata de tener un comportamiento que responda a una mente abierta, interesada por lo que ocurre a su alrededor y dispuesta a aprender cosas nuevas.  ¿Somos lastres o bien aportamos algo a esta sociedad?  ¿Entonces…..? ¿Seguimos empeñados en mantener las costumbres medievales o somos capaces de adaptarnos a nuestro mundo real? En definitiva, ¿queremos vivir en un mundo irreal o en la cotidiana realidad?

Puede ser preciso entonces que tengamos que desaprender lo aprendido. Con naturalidad, nunca como robots o máquinas inducidas. Siempre escudriñando. Buscando la verdad, no conformándonos con lo impuesto, heredado o popular.  Es el momento de ser individuos vivos, en constante movimiento, activos, desafiantes y no manipulables.

Ni la manipulación o la imposición forman parte de este siglo, ya que frenan el aprendizaje del ser humano libre e independiente.

¿Te animas a desaprender lo aprendido? Merece la pena. Es un reto y produce un cambio de miras.

 

 

 

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