Curación

A través de los ojos de un gato

Siempre me han fascinado los gatos. Son enigmáticos, independientes, misteriosos….  Hay algo en ellos que siempre ha generado una enorme curiosidad en mi.

Sus comportamientos son singulares, inimitables, actúan contra toda lógica humana..

Quería escribir un nuevo post acerca de enfermedades vencidas y creo que puedo hablar del comportamiento de los animales así como de su influencia en la enfermedad.

Observo a mi gato peludo, sentado y oliendo el aire. Sé que está oliendo la tormenta que está por venir, que huele instintivamente el bien y el mal a su alrededor. Que necesita cariño y cuidados y que él también los da.

¡Cuántas veces nos hemos quedado mirando fijamente hasta que uno de los dos ha acabado cediendo! Les encanta observar sin mover sus grandes ojos, que delatan lo que piensan a través de sus pupilas.

El carisma que rezuman es totalmente zen.  Cuando mi gato me mira, su calma me transmite paz. Parece que me quiera decir: “¡Tómate la vida con más tranquilidad y saborea el momento del ahora, del presente!”.

Nada se le escapa. Lo escucha todo, lo ve todo. Hasta las mosquitas más pequeñas pueden ser objeto de sus garras si se lo propone.

Son francamente mágicos.

¿Y porque digo que pueden notar nuestros sentimientos?  No recuerdo una muestra más auténtica de cariño que la que me ofreció mi gato en un episodio de dolor agudo que me hizo encogerme encima del sofá, cuando de repente noté cómo estaba secando mis lágrimas con su lengua. Una a una, eliminó las lágrimas que recorrían mi cara,  con una paciencia indescriptible, que hasta la fecha no he observado en un humano.

Curiosamente no lo ha vuelto a hacer nunca mas.  Tampoco yo he vuelto a experimentar otra vez esta secuencia de dolores, gracias a Dios, así que efectivamente, puedo confirmar que el cariño ayuda en la enfermedad y que el instinto de un animal sirvió para calmar mi angustia.

También he aprendido muchas cosas de él. Reconozco que a veces incluso lo he imitado y he podido entrar en un estado de total calma y paz, oliendo el aire, agudizando mis sentidos y disfrutando de la gran obra de nuestro Creador.

Me gustaría aprender a ver a través de los ojos de un gato.

Por Patricia Peirote Hermann